Siempre he pensado que trae mala suerte poner nombre a una vía antes de acabarla. También hablar de ella como si la “faena” estuviera ya resuelta. Quién sabe si, cuando termine un año más el período de nidificaciones, seguiré escalando lo suficientemente bien como para volver y rematar esta locura de idea de forma digna. Quién sabe también si alguien ve esta publicación y se retroalimenta de mi proyecto para ir a la carrera y hacerlo antes que yo entrando por otro lugar. Lo fácil sería no publicarlo, o quizás simplemente tener tus propios proyectos y motivaciones. Para mí, lo fácil sería no hacer lo que yo mismo critico de otros, pero a veces sin embargo caigo en la tentación.
Es cierto que la meteorología de final de año impidió al menos intentar acabar esta línea. Consolaciones aparte, surgieron otras aperturas además de poder simplemente escalar. Cosas de la vida y sin saberlo, una de ellas se adelantó al tema que a continuación me gustaría abordar; se llama “El poder del silencio”, una vía que realmente hace un guiño a la fortaleza de mi madre, pero también a la capacidad de los "Don nadies" aunque ya vendrá quien lo juzgue. Juzgar será parte clave de éste post.
Un año más de altibajos físicos y emocionales. Un año más de salir a escalar solo para quejarme y justificar quién era y quién soy, como si a alguien le importase, en lugar de simplemente disfrutar de lo que cada día “esta mierda” me deja hacer. Hablando de justificarse, creo que todo esto merece una explicación, al menos en un espacio como este donde me siento totalmente libre; libre no solo para expresar mis ideas, sino también para cuestionar las de otros, que no juzgar, sin indirectas ni insinuaciones, simplemente para ir de frente.
En los meses finales del año he vivido una montaña rusa de sensaciones inexplicables. Un día chapas la cadena de un 8a+ en dos intentos; otro no eres capaz de subir decentemente un 7b; y otro, en el peor de los casos, no puedes ni siquiera escalar ante el dolor de todas las articulaciones, hasta que un día, de nuevo, estás bien y empieza otra vez todo este caos de proceso sin sentido ni forma alguna, ya que ni si quiera sigue un patrón que te deje planificar dos días seguidos. Un día me siento joven y otro, un anciano al que le cuesta bajar las escaleras de su casa o levantar una pierna. Sin embargo, tras mis últimos años de soledad, ésta también parece juzgada, hoy estoy rodeado de personas que han despertado ciertas motivaciones en mí: no dejar la escalada o ir a un lugar que hace poco descubrí y me fascinó, como los Tajos de las Alcandoras, en Jaén.
Tras una semana desconectado escalando en Talembote (Marruecos), llego al aeropuerto de Tánger y mi teléfono se conecta al wifi. Una noticia reina entre varios whatsapp de amigos; se ha liberado la vía “La Hoguera de las Necedades” en las Alcandoras. Reconozco que sentí un poco de frustración, aunque en el fondo me alegro de que se haya realizado y, sobre todo, de que la dificultad se asemeje a lo que Miguel y yo pensamos. La vía es tremenda y soñaría con abrir algo de esa calidad de autoprotección en roca caliza. Por un momento, y entre risas, le digo a mi compañero de viaje que, en vez de una semana en Talembote, tendríamos que haber ido junto a Olai a las Alcandoras a liberar esa vía. Hubiéramos ahorrado dinero y quién sabe si también entrado en la historia del lugar, ironía aparte claro. Sin embargo, realmente todo da igual, ya que, independientemente de lo que hagan los demás, este reto ha sido algo personal y precioso para mi salud y estado de ánimo del momento, pues volví a casa totalmente renovado de motivación tras nuestra escalada.
En mi vida había oído hablar de esta vía en las Alcandoras. El motivo de ir fue que mis amigos Olai y Guille fueron a hacerla e intentar liberarla. Sus condiciones meteorológicas fueron pésimas; tras pasar por allí tengo claro que, con un buen día, lo habrían hecho. Quizás no ese día, o quizás sí. Si ellos no hubieran ido alli probablemente no estaría escribiendo éstas líneas, y quien sabe si, probablemente a día de hoy esa vía seguiría sin liberar.
Muchos meses después, y teniendo en cuenta que es una vía muy poco repetida, donde la idea de hacerla en libre siempre ha sido una quimera —al considerarse que tan solo “un Adam Ondra sería capaz”, como algunos locales representativos han calificado—, surge de nuevo el tema entre nosotros. Olai tiene demasiada fe en mí, más aún sabiendo de primera mano mi situación física y anímica. Creo que su exceso de motivación y fuerza lo extrapola a veces a los demás sin ser consciente de la realidad de unos y otros, o en éste caso de su realidad y la mía. Menudo futuro tiene por delante el muy cabrón.
Tengo idea de ir dos días a escalar a las Alcandoras con mi buen amigo Miguel, un tipo discreto, sencillo, fuerte, honrado y sin redes sociales; una especie en extinción que conviene cuidar. No tenemos ningún plan concreto y estamos abiertos a lo que nuestras capacidades nos permitan hacer. Olai me propone probar la vía y darle un tiento al largo pendiente de liberar, no tanto para lograrlo como para comprobar si es humanamente escalable y volver a intentarlo. Acepté la propuesta pensando que ellos tuvieron un día horroroso y que ese fue el motivo por el que no lo lograron; porque si no fuese el caso y hubieran tenido el día perfecto que tuvimos nosotros, ¿a dónde iba a ir yo?
Días después de publicar en mi blog una crónica de nuestra escalada —desde la más absoluta sinceridad, transparencia y sin adornos más allá de lo sucedido—, una cordada se anima a repetir la vía y a publicarla en la revista Desnivel, que hace un guiño a nuestra repetición tomando información de mi artículo. Su redactora me pidió permiso, como siempre, y le respondí que cogiese lo que necesitase. En ningún momento se me pasó por la cabeza, incluso en el caso de haber encadenado el largo, publicarlo en ningún sitio que no fuese mi blog. Ese día escalé en libre el largo, pero no tuve fuerza ni tiempo para darle un segundo pegue, o simplemente "el pegue". Ésto no me quitó mucho el sueño puesto que la idea es volver. Como la idea es hacerlo para uno da igual que ocurra en el entorno de los demás. Lo que no da igual es lo que los demás se crean capaces de juzgar y mirarte por encima del hombro a espensas de como les apetezca calificarte.
Como si estuviese marcado por el destino, una vía que apenas se repite se vuelve de repente apetecible para muchos, incluso para amigos cercanos de escaladores locales de la zona que ya contaban con cierta información acerca de lo inaccesible del largo por liberar; información que luego se contradice en el relato de uno de sus repetidores, puesto que es animado por alguien que ha calificado la vía de cierta manera como para que finalmente salga 8a. Por cierto, pienso que mínimo será 8a+, pero como se dice en el articulo, para poner el númerito hay que encadenarlo.
Aunque en un primer momento no me di por aludido, algún colega me comentó si no veía extraño cierto comentario en redes sociales de uno de sus repetidores en libre. Siendo justos con los hechos y si no me equivoco, solo uno lo encadenó. "Al César lo que es del César".
Tras comentarios más personales de gente del “mundillo” que intentan abrirme los ojos ante mi incredulidad, parece que no solo ponen en duda nuestro paso por allí, sino que incluso cuestionan que lo hiciéramos en libre. Mi cabeza no es capaz de comprender cómo alguien que no te ha visto ni te conoce pone en duda algo que has hecho. Está claro que esto siempre existirá. No hay juez alguno que determine lo que has hecho y lo que no; bueno, sí: personas que, defendiendo principios y ética por todos los poros de su piel, pueden sentirse superiores o creer que su palabra vale más que la de otros, hasta el punto de catalogarnos como vendehumos y mentirosos.
Como si de una escuela infantil se tratase, argumentan que no vieron magnesio ni cantos cepillados que, según ellos, eran claves para escalar el largo. Un caso mas donde la verdad absoluta sentencia. De ahí deducen que no pasamos en libre por allí. Un razonamiento bastante gratuito y curioso que por otro lado pueda ir también en su contra. Quizás no comprenden —o no creen— que tras casi encadenar el largo al primer intento, caer al patinarse un pié, y acto seguido hacerlo sin descanso toda esa sección clave y del tirón el resto del largo, sin estar días, o ése día dándole pegues, apenas dejes rastro de magnesio ni tengas tiempo ni medios para cepillar, puesto que somos tan incrédulos que ni siquiera llevábamos cepillo.
Pero, lo realmente curioso, es que si yo mismo me baso y actúo en base a su mismo razonamiento, podría también poner en duda su paso por allí, algo que no haré para no ponerme a su altura y porque sinceramente me la "trae al pairo", puesto que la sección dura que ellos describen no se corresponde con lo que nosotros encontramos. Si ellos han usado unos cantos de compresión claves sin cepillar ni magnesio, prueba irrefutable según ellos de que no pasamos por allí en libre, pero que, esa misma sección nosotros la hicimos cogiendo tres presas muy muy pequeñas y muy evidentes (la sección está descrita en mi blog) justo al recto de los seguros ¿no podría pensar yo lo mismo de ellos? igual no, es que igual ni somos iguales ni tenemos los mismos derechos morales.
Más allá de medallas, publicaciones o de liberar el primer octavo de un lugar —cosas que para mí no tienen importancia—, me sorprende la facilidad con la que se puede menospreciar lo que otras personas han hecho sin mas y sin afán alguno, más aún sin conocerlas ni haber hablado con ellas. Una llamada para aclarar dudas habría sido lo más lógico, o así se hacía antes. Luego se nos llenará la boca de éticas y valores... ¡como no!.
Aunque he cometido muchos errores en mi vida, me gusta dar la cara y, como decimos en Asturias, ser paisano. Hoy en día es increíble lo fácil que resulta etiquetar con adjetivos a personas que no conoces y opinar sobre hechos que no has visto, solo por una percepción donde quizás el ego no deja ver más allá del propio ombligo en busca de lograr eso que igual tu mismo criticas de los demás.
Como se suele decir —aunque a veces dudo de su sinceridad—: salud y buenas escaladas.
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